Lifschitz sentenció que “el que se queda en la grieta termina cayéndose al precipicio”

Las primeras sombras del atardecer impactan de lleno en los ventanales de la Gobernación. Miguel Lifschitz entra como una tromba a su despacho, pone cara de pocos amigos a uno de sus colaboradores por algún trámite demorado pero, rápidamente, cambia de rictus cuando advierte que el periodista que lo entrevistará se encuentra a pocos metros.

Afuera, en el pasillo, Ricardo Alfonsín hace declaraciones a la TV pública santafesina. En la antesala al despacho del gobernador se habla de encuestas recientes, fresquitas como una lechuga. El jefe de la Casa Gris pide un vaso de soda. Es eso o café. No hay más nada. En un rato llegará a la zona de la plaza San Martín un desprendimiento de la marcha de Rosario Sangra por la muerte del taxista. Es una pintura casi pulimentada de lo que ocurre: lo único que altera el día a día de la administración son los episodios de inseguridad.

“Estoy justo en un tercio de la gestión: 505 días cumplí el 1º de mayo. El primer tercio es muy importante, el segundo más, porque uno consolida la gestión. El tercer tercio es de menor relevancia. O sea que me quedan otros 505 días claves para consolidar la gestión. Estoy muy conforme con lo que pudimos hacer, más allá de los problemas y dificultades. Estamos muy bien, muy sólidos en la gestión, en lo económico”, dice Lifschitz, quien no quiere saber nada con la pelea a todo o nada, blanco o negro, entre el gobierno y la oposición. “El que se queda en la grieta termina cayéndose al precipicio”, advierte.

—¿Anda bien la provincia de Santa Fe?

—Y con buenas perspectivas. Si bien hay muchos interrogantes sobre la marcha de la economía del país, Santa Fe está lejos por arriba de la media nacional, y eso se va a consolidar este año. El impacto de la actividad agropecuaria, la reactivación industrial y la obra pública van a jugar muy positivamente. Soy optimista e imagino mis próximos 16 meses, y el de la provincia, a toda máquina. Voy a poner el pie arriba del acelerador.

—¿Cómo vienen los datos?

—Son muy alentadores en términos de disminución de la pobreza, sostenimiento del empleo, de la obra pública en los barrios, de baja en los niveles de inseguridad.

—Pero esa visión, que es muy parecida a la que trazó Macri cuando dijo que Santa Fe “explota de brotes verdes”, es totalmente diferente a la que plantea el ministro Contigiani, por citar a un crítico del macrismo y del gobierno nacional, o los sindicatos…

—Yo soy crítico del gobierno en materia económica, pero vivimos en una provincia que fue particularmente beneficiada por algunas medidas que tomó el gobierno y que impactaron directamente en el agro y en nuestra región. Ahora, está faltando una política industrial mucho más activa, una estrategia para las economías regionales, no se logró recuperar el consumo y no se pudo poner freno a la inflación. No hay una situación apocalíptica ni una franca recuperación de la economía.

—La crisis de Sancor, en otro tiempo, hubiera resultado impensada…

—La situación de Sancor no se puede generalizar, porque la cadena láctea tiene complejidades, no se puede extrapolar. Pero hay muchas pymes con problemas. Asistimos a más de 150 empresas en crisis, que se fueron manteniendo.

—¿Cómo sigue la historia con la autopista Rosario-Santa Fe?

—Los sistemas de concesión pensados como manera de financiar obra pública fracasaron todos. Mi decisión fue dar por terminada la concesión. Hubo incumplimiento de las dos partes, de la empresa y de la provincia porque nunca se garantizó la tarifa que correspondía. Sucede que si se establece la tarifa que corresponde, no hay viabilidad social. Vamos a encarar por medio de Vialidad Provincial las obras de fondo y lanzamos una licitación para las obras livianas: corte de yuyos, señalización, etcétera. Hay una sola oferta, si no la consideramos positiva tenemos dos caminos, llamar a una nueva licitación o hacernos cargo desde la provincia. Pero desde aquí en más la provincia tendrá la responsabilidad de la administración casi total de la autopista.

A la par de que se lo ve bastante a gusto con los primeros resultados de buena parte de la gestión, hay un gran tema sin resolver: la inseguridad.

—Episodios siempre van a haber. Recuerdo que hace varios años atrás hubo un gran revuelo por el asesinato de un taxista de apellido Poremba, que produjo un gran impacto. Yo era intendente de Rosario e intervine personalmente.

—Pero además hay robos, hurtos, cosas que enojan a la clase media.

—Por eso, la cero inseguridad no existe. Pero hay que bajarla. Y la realidad objetiva es que hemos bajado notablemente la tasa de homicidios. En 2017 está por debajo de 2011, pero hay que seguir. La situación social no nos ayuda, porque cuando hay problemas sociales se estimula el arrebato, el robo a los comercios.

—¿Está conforme con lo que hace el ministro Pullaro?

—Yo nunca estoy conforme ni conmigo mismo ni con mis ministros, siempre pido más. Pero encontramos un camino, estamos subidos arriba de un caballo que estaba desbocado, con las riendas en la mano. No quiere decir que hayamos solucionado los problemas. Tenemos el programa Nueva Oportunidad, con 6.000 pibes. Nunca antes la policía tuvo el armamento, los móviles, la capacitación y la tecnología que hoy tiene.

   —Desde que asumió el socialismo, en 2007 con Binner, se dice: “Tienen problemas con la seguridad porque no controlan a la policía”.

   —Nosotros controlamos a la policía. Ahora, son 22.500 efectivos distribuidos en 360 localidades. Siempre habrá alguno que comete una torpeza, algún corrupto. Mire lo que pasa en provincia o en ciudad de Buenos Aires. Si pasaran esas cosas acá tendría que estar circulando en todos los medios nacionales. Sin embargo, la gobernadora de Buenos Aires nunca es interrogada por esos temas.

   —¿Vidal tiene favoritismo entre los medios y los periodistas ?

   —Tiene una protección mediática realmente fantástica, pero bueno, todavía le puede echar toda la culpa a sus antecesores.

   —Como hizo el socialismo con el peronismo santafesino cuando ganó la provincia en 2007.

   —No sé. Quizás ocurrió eso que usted dice en algunos temas, quizás el peronismo tenía algunas culpas…

   —El problema que parece tener usted es que no puede echarle la culpa al gobierno que estaba antes porque es de su mismo partido político. ¿Eso lo condiciona a la hora de declarar y de analizar los contextos?

   —Uno asume que es parte de un proyecto, y hay una continuidad con lo bueno y lo otro. Hay obras que estaban en marcha y yo las estoy inaugurando. O aprovecho el 15% de los recursos coparticipables, que fue una pelea que dio Binner. Acepto las buenas y las malas, y no me quejo.

   —Macri, el miércoles pasado, lanzó la reelección presidencial en la ciudad de Santa Fe al lado suyo. ¿No le dieron ganas de decir: “Yo también me quiero quedar 8 años gobernando la provincia”?

   —¿De subirme al mismo carro que el presidente? No lo pienso. Mi gestión termina en 2019. Posiblemente falte tiempo para todas las cosas que uno quiere hacer, me doy cuenta de que hay proyectos que puedo poner en marcha hoy o mañana, pero no me va a dar el tiempo para verlos realizados.

   —¿Descarta la posibilidad de ser reelecto si es que se reforma la Constitución en algún momento de 2018?

   —Hoy por hoy descarto absolutamente mi reelección como gobernador. Si hubiera un proceso de reforma constitucional y se incluyeran los temas vinculados a mi reelección, en ese caso lo pensaría. Pero es tan lejano que ni se me ocurre pensarlo en estos momentos. Dedico cada uno de los momentos a gestionar, a lograr que la provincia de Santa Fe esté cada vez mejor.

   —¿Le apagó la luz Corral en una inauguración en la ciudad de Santa Fe? Representaría algo gravísimo…

   —No creo que el intendente haga esas cosas. Supongo que alguien se olvidó de prender la luz, que existió algún problema… No le doy importancia.

   —¿Qué ministro de su gabinete va a ser candidato a diputado nacional en los próximos comicios?

   —La idea es que sea Bonfatti, que es el mejor dirigente que tenemos en Santa Fe. Claramente, Antonio es quien tiene más intención de voto, conocimiento. Sé que le cuesta tomar esa decisión de ser postulante, porque tiene el compromiso que asumió cuando fue electo cabeza de lista a diputado provincial. Es importante la gobernabilidad como presidente de la Cámara. Si no fuera Antonio, se abre un abanico de posibilidades. Hay dirigentes del socialismo que pueden ser candidatos, y algunos de mis ministros también podrían estar. Tengo ministros con perfil de gestión exitoso.

   —¿Contigiani y Balagué?

   —Podrían ser candidatos. Son dos buenos ministros, son posibles. Pero estamos lejos de llegar a una propuesta. Hay otros nombres, otras ideas dando vueltas. Estamos esperando la definición de Bonfatti, porque es el mejor nombre que podemos poner al frente de la lista.

   —¿El hecho de que Javkin sea su primer candidato a concejal es una apuesta a otras caras, nombres y renovación?

   —Sí. Venimos haciendo una experiencia de apertura y de renovación de la dirigencia. Binner tenía un ministro radical, yo tengo seis ministros radicales. Hay algunos muy buenos y otros sobresalientes. Javkin tuvo el gesto de perder una interna y sumarse inmediatamente a acompañar al que ganó, como hizo con Fein. Y renunciar a una diputación nacional para venir a la gestión municipal. Javkin es un cuadro como pocos partidos podrían ofrecer.

   —¿Cómo observa el escenario político?

   —Hay un reacomodamiento de la política nacional. Algunos plantean un debate entre el futuro y el pasado, asociando a Cambiemos con el futuro y al kirchnerismo con el pasado, tratando de diluir al resto de los partidos y de la sociedad que no se identifica con ninguno de ellos. La sociedad es mucho más diversa, y ese modelo presunto de debate entre futuro y pasado es en verdad un debate entre modelos del pasado. El futuro está en otro lugar, y nosotros aspiramos a construir una alternativa de futuro para Santa Fe, y a nivel Nación, que pase por encima de la grieta. En general, el que se queda en la grieta termina cayéndose al precipicio. Hay que salir de la grieta.

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