“En el cine se sobrevalora la juventud, y más con personajes femeninos”

En el cine se sobrevalora la juventud y especialmente cuando se trata de personajes femeninos. Necesitamos ver en la pantalla a más mujeres mayores que no solo sean madres o abuelas, sino que tengan una vida propia y posean ese enorme atractivo tanto físico como intelectual”. La frase es de Inés París, la directora española que estrena hoy la comedia negra “La noche que mi madre mató a mi padre”, en la que las mujeres tienen un rol clave en el cuento que narra la película.

París, que cuenta con otros tres largometrajes y guiones de series de televisión, también destacó en una entrevista con Télam que “en la Argentina hay mucho talento, estupendos actores y actrices, guionistas y directores”, en la previa a la proyección de su última película, que cuenta con el protagónico de Diego Peretti.

“La noche que mi madre mató a mi padre” trata sobre una cena entre dos ex parejas, que a priori tienen buena relación, pero que guardan puertas adentro algunos secretos que los guían hacia un macabro y jocoso desenlace, con Diego Peretti como protagonista.

“La idea se me ocurre durante una cena con amigas, cuando una de ellas comentó que la peor idea de su vida había sido invitar a cenar a su ex y a la ex del que era su actual marido. Inmediatamente pensé que ahí podía haber una comedia”, explicó la realizadora (ver aparte).

A pesar de que Susana (María Pujalte) y Angel (Eduard Fernández) están divorciados, son socios dentro de la industria del cine y organizan una cena junto a su esposa Isabel (Belén Rueda) y el personaje de Diego Peretti, quien interpreta el rol de un actor al que invitan a participar de la película que están armando.

En medio de ese encuentro aparece el ex marido de Isabel, Carlos (Fele Martínez), con su joven novia (Patricia Montero), quienes se autoinvitan a cenar cambiando el rumbo de la velada.

Sin embargo, durante esa noche se van descubriendo algunos planes ocultos que tienen los participantes, y que encuentran en Peretti a un comodín para llevar y traer las desopilantes resoluciones a algunos problemas que irán creciendo a lo largo de la cinta.

—Constantemente jugás entre lo macabro y lo cómico. ¿Por qué explotar esa relación?

—Lo cómico, para mí, es la mirada distanciada e irónica sobre lo real. Lo cómico y lo siniestro no están tan alejados: cuando somos niños y tenemos mucho miedo siempre estamos entre el llanto y la risa histérica. La risa, como Freud explicó, es un acto cruel. No hay nada tan divertido como ver alguien que tiene miedo, mucho miedo, mientras nosotros nos sabemos a salvo.

—Enfrentás a la juventud con la adultez. ¿Esto es algo que sentís que existe en la sociedad o es un camino interior que recorre cada uno?

—Es un camino que estamos obligados a recorrer, nos guste o no. Otra cosa es que la sociedad limite nuestras posibilidades y señale comportamientos apropiados o no en cada edad. En el cine se sobrevalora la juventud y especialmente cuando se trata de personajes femeninos. Necesitamos ver en la pantalla a más mujeres mayores que no solo sean madres o abuelas, sino que tengan una vida propia y posean ese enorme atractivo tanto físico como intelectual.

—La iluminación es más bien lúgubre. ¿La escogiste para darle ese toque macabro que mencionabas?

—Es una película que pasa de noche y la fotografía de Néstor Calvo contribuye a contar adecuadamente la historia. Es verdad que es más de cine negro que de comedia, si pensamos en la estética de la comedia de forma convencional.

—¿Por qué elegiste que Peretti haga de Peretti (más allá de la actuación del personaje)?

—Desde la primera escritura del guión, en los bocetos iniciales, yo necesitaba y buscaba a un actor al que no le importase “hacer de sí mismo”, ya que es el primer guiño que se le ofrece a los espectadores sugiriéndoles las normas del juego al que se van enfrentar. Cuando se nos ocurrió la idea de que fuera Diego Peretti, realmente estuvimos inspirados porque creo que hay muy pocos actores que estén tan capacitados y con tanto sentido del humor como Diego para interpretar su rol como actor famoso.

—Hace poco en la Argentina estuvo en debate la Ley de Cine. ¿Están al tanto de eso en la industria española?

—No conozco la situación actual, pero sé que en los últimos cinco años la política cultural del Gobierno hacia el cine argentino ha sido mejor y más eficaz que la del nuestro. Los mirábamos con envidia.

La “peor idea de su vida” que busca reflexión y carcajadas

“Hace ya unos años que, durante una cena de amigas, una de ellas comentó que la peor idea de su vida había sido invitar en Navidad a su ex y a la ex de su pareja actual a cenar en casa. Aunque ella lo contaba muy enojada, yo empecé a pensar que allí había una comedia estupenda”, relató la directora Inés París sobre la génesis de “La noche que mi madre mató a mi padre”. Y prosiguió: “Fue en otra cena, en casa de Beatriz de la Gándara, cuando les conté a ella y a Fernando Colomo que estaba escribiendo una comedia con esta idea. Les gustó y decidieron producirla así que Fernando y yo empezamos a escribir esta comedia de cenas y de ex, mientras Beatriz cenaba con unos y otros buscando el dinero para producirla. La historia busca mantener la sonrisa de los espectadores y provocar sus carcajadas. Hacerles pasar un rato tan divertido como intrigante”, destacó París. Su filmografía incluye títulos poco convencionales: “A mi madre le gustan las mujeres” (2001); “Semen. Una historia de amor” (2004); “Miguel y William” (2007); “Ellas son…Africa” (2010); “Igual-es” (2011) (serie documental) y “Manzanas, pollos y quimeras” (2013).

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