Síndrome de intestino irritable: un problema frecuente que afecta la calidad de vida

Cuatro de cada 10 derivaciones a gastroenterólogos son a causa del síndrome de intestino irritable (SII), un cuadro en el que lo emocional tiene peso fundamental y que provoca malestares que impactan en la calidad de vida de quienes lo padecen, al punto que muchos se acostumbran a convivir con las molestias. La consulta al especialista es clave para controlar la afección y aliviar los síntomas.

El SII (también conocido como colon irritable) es un trastorno muy común, dado que afecta al 20% de la población. Tiene una prevalencia más alta en mujeres que en hombres. Y según un estudio realizado en 2010 entre 1000 casos de todo el país, constituye el 15% de las visitas al médico clínico y el 40% de las derivaciones a gastroenterología. Rara vez es motivo de internación y nunca requiere cirugía, sostiene la Sociedad Argentina de Gastroeterología (SAGE) en un material para pacientes. “Sin embargo, puede llegar a ser muy molesto y alterar la calidad de vida de quien lo padece. Es un motivo frecuente de ausentismo laboral y escolar”, continúa el texto firmado por el doctor Luis Soifer, ex presidente de la SAGE .

 

El SII es una enfermedad benigna que no tiene complicaciones y quienes la padecen no tienen más chances que el resto de la población de desarrollar cáncer u otras enfermedades. Se manifiesta principalmente con dolor o malestar abdominal, hinchazón y alteraciones en la defecación (ya sea constipación, diarrea, o alternancia entre ambas). La causa aún no se conoce con certeza, pero se acepta que el problema parece estar en una anormalidad en la interacción entre el cerebro y el intestino.

—¿Cómo se diferencia de otros problemas digestivos?

—Esa diferencia la establece el medico en la consulta clínica en base fundamentalmente a los síntomas de presentación. En algunas circunstancias (mayores de 50 años o con síntomas atípicos) se requiere la realización de estudios complementarios para descartar determinadas enfermedades orgánicas—explica a Clarín Jorge Olmos, jefe de la Sección de Neurogastroenterología del Hospital de Clínicas.

—¿Con qué cuadros puede confundirse?

—Existen determinadas patologías como el cáncer de colon, las enfermedades inflamatorias intestinales o la enfermedad celíaca, cuyos síntomas pueden simular los del síndrome de intestino irritable. Por eso es primordial realizar la consulta médica especializada, con el objetivo de determinar la necesidad o no de la realización de estudios complementarios.

 

Hasta el viernes, la división Gastroenterología del Clínicas (Paraguay 2250, CABA) lleva adelante la Semana del intestino irritable. Entre las 8 y las 12, todas las personas mayores de 18 años con dolor abdominal y alteraciones frecuentes de la función intestinal (diarrea o constipación) pueden acceder a consultas gratuitas con un especialista para obtener orientación y diagnóstico.

—-¿Cuánto pesa la parte emocional en este síndrome?

Los factores emocionales son un elemento fundamental en la génesis de los síntomas. Los modelos actuales se basan en la existencia de un eje bidireccional cerebro intestinal que habla de cómo las emociones (ya sea el estrés, la ansiedad o la depresión) repercuten en la función intestinal.

 

El efecto de la dieta en el SII varía de persona a persona, explican desde la SAGE. “Algunos alimentos pueden causar los síntomas de SII, particularmente las grasas. En algunos casos el maíz, el trigo y aun las fibras pueden ser disparadores. En otros casos, en cambio, el agregado de fibra a la dieta puede ayudar a regular la función intestinal. Aunque éstas siempre deben ser incorporadas en forma gradual. Algunos pacientes no toleran la leche y ciertos edulcorantes artificiales también son productores de síntomas. El llevar un registro de los alimentos y los síntomas a diario durante un tiempo puede ayudar a identificar los alimentos que provocan las molestias.”

Con un buen diagnóstico y tratamiento, es posible reducir el impacto del SII en la vida diaria. La clave, afirman los especialistas, está en encontrar un equilibrio y aprender a controlar la afección, a través del manejo de los síntomas, aunque resaltan la importancia de no autoprescribirse medicamentos. Los tratamientos incluyen hoy en día desde antibióticos, probióticos, moduladores del dolor, además de modificaciones en la dieta y terapia psicológica.

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